Las oraciones subordinadas sustantivas constituyen un grupo muy heterogéneo tanto por el número de nexos que pueden intervenir como por la diversidad de funciones que estas oraciones pueden asumir. Esta es la causa de fenómenos como el queísmo y el dequeísmo, que dan lugar a formaciones incorrectas.
El queísmo se origina por un conocimiento imperfecto de la norma y por la tendencia en la lengua vulgar a suprimir enlaces. Así en casos donde la oración subordinada sustantiva desempeña la función de suplemento o de complemento del nombre o del adjetivo es de esperar que al nexo QUE le precedan preposiciones:
Me enorgullezco de que hayas quedado el segundo
Suplemento
Me gusta la idea de que se haga de nuevo
C. del nombre
El queísmo consiste en suprimir de forma indebida la preposición DE (y otras):
* Me enorgullezco que hayas quedado el segundo
Suplemento
* Me gusta la idea que se haga de nuevo
C. del nombre
El dequeísmo es un caso de hipercorrección. El hablante es consciente de que suprime indebidamente preposiciones y, por ello, tiende a colocarlas indiscriminadamente. Así en las oraciones subordinadas sustantivas en función de Complemento Directo al nexo QUE ne le precede ninguna preposición:
Pedro piensa que es mejor la segunda opción.
El dequeísmo consiste en colocar una preposición DE delante del nexo QUE allí donde no es necesaria:
* Pedro piensa de que es mejor la segunda opción.